Las zorras en el país se resisten a morir

Febrero 02 de 2012

Tomado de Terra Colombia

El proceso de sustitución de vehículos de tracción animal por vehículos de motor ordenado por las autoridades en mayo de 2010 debía haber concluido este 31 de enero. Foto: Jhon Paz
El proceso de sustitución de vehículos de tracción animal por vehículos de motor ordenado por las autoridades en mayo de 2010 debía haber concluido este 31 de enero.
02 de febrero de 2012 Foto: Jhon Paz

Cada vez son menos, tienen los días contados y parece que en Colombia pocos llorarán la desaparición de las "zorras", como se llaman comúnmente a los vehículos de tracción animal.

Pero la eliminación de las carretas tiradas por burros o caballos, ordenada por el gobierno hace casi dos años, ha resultado más difícil de lo originalmente previsto por las autoridades.

Y, como resultado, zorras y carreteros seguirán siendo parte del paisaje urbano de ciudades como Bogotá por al menos un año más.

"Y en un año pueden pasar muchas cosas", le dice a BBC Mundo Arbey Galindo, de 19 años, mientras acariciaba el cuello de su caballo "Gavilán".

"Como están que dicen que nos sacan desde hace harto y no han podido...".

Efectivamente, el proceso de sustitución de vehículos de tracción animal por vehículos de motor ordenado por las autoridades en mayo de 2010 debía haber concluido este 31 de enero.

Pero fueron varias las autoridades municipales, incluidas las de la capital, las que solicitaron y consiguieron que se extendiera el plazo para la implementación de la medida hasta el 31 de enero de 2013.

"MALA IMAGEN"

En total, se calcula que unas 6.000 carretas tiradas por burros o caballos circulan por diferentes ciudades del país, casi un tercio de las mismas están en Bogotá.

Y su salida ha sido demandada tanto por los defensores de los animales como por los conductores que afirman que crean embotellamientos y contribuyen al caos vehicular.

"Los caballos y las zorras son mala imagen para la ciudad", es la explicación que ofrece Flatron, carretero y vocalista del grupo de rap "Zorreros Underground".

Y canta: "A la diestra del señor me encuentro el día de hoy foros de conciencia porque hay caballos flacos, pero quien tiene conciencia en estos días tan berracos".

En su canción Flatron reclama por su derecho a trabajar y saluda a sus "hermanos recicladores, viruqueros, chatarreros, cajoneros".

"Todos somos guerreros y parte de un mismo gremio", entona.

Y es que si bien las zorras representan una alternativa barata para el transporte de carga -y en ocasiones también de pasajeros- la mayoría de zorreros se dedica a buscar y reciclar chatarra, escombros o desperdicios industriales por su cuenta.

Y no todos confían en la rentabilidad de estas actividades cuando se cambie el caballo por un vehículo de motor, lo que explica en parte los retrasos del proceso de sustitución.

"Lo que uno le mete a la zorra no se puede meter al motocarro", le explica a BBC Mundo William Barreto, un zorrero de 28 años.

"Tocaría mirar cuánto se puede andar, qué beneficios tiene o que perjudicaciones (sic) tiene para nosotros".

Arbey, por su parte, saca cuentas: un bolsón de zanahorias para el caballo cuesta 18.000 pesos.

¿Cuánta gasolina se puede comprar con eso? ¿Y los gastos de mantenimiento?

ALTERNATIVAS

Por lo pronto las autoridades municipales están llamadas a apoyar a los zorreros con "programas de capacitación en técnicas de administración y desarrollo de empresas, negocios y manejo de cargas livianas".

Y también tiene como obligación "sustentar presupuestalmente el proceso de sustitución, facilitando la financiación y cofinanciación del equipo automotor".

En ciudades como Villavicencio, capital del departamento del Meta, el gobierno local diseñó un sistema que le financiaría a los carreteros el 88 por ciento del valor de los motocarros, estimados en poco más de US$4.000.

Y en la capital de Antioquia, Medellín, las autoridades municipales ayudaron a crear cooperativas para que los nuevos motocarros trabajen recogiendo escombros y reciclando.

Lo que es sin embargo viable en ciudades con un número relativamente pequeño de zorreros, como Villavicencio y Medellín, no es tan fácilmente aplicable en aquellas que los cuentan por miles, como Cali o Bogotá.

"¿Usted se imagina 1.600 de estos vehículos en Cali, impactando la movilidad y el medio ambiente? Eso no es posible", le dijo por ejemplo el secretario de Tránsito de Cali, Fabio Cardozo, al periódico El País de esa ciudad.

De ahí que el mayor reto sea el de convencer y apoyar a los zorreros para que se dediquen a actividades alternativas.

La idea, sin embargo, no le resulta atractiva a Flatron.

"Yo seguiría haciendo lo que estoy haciendo pero en un motocarro".